PERIODISMO

Homenaje a Ryszard Kapuscinski

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Nos quejamos de la crisis que azota hoy también y con fuerza a este oficio, el Periodismo. Los medios han sido relegados al control de  contables y empresarios, esos que no parecen entender de él y sí tantas veces se aprovechan del ejercicio de aquéllos que pretenden ejercerlo. El de reportero es hoy dicen uno de los peores trabajos que existen, de los peor valorados, y no es de extrañar, se cobra nada y se trabaja más. Pero cuánta parte de culpa tenemos también nosotros… El Periodismo ha dejado de controlar al poder para aliarse con él. Desde el cobijo de una redacción, o en el peor de los casos desde las lamentaciones que llegan en una cola más de las oficinas del INEM, los periodistas hemos dejado de salir a la calle para buscar historias que contar. Por si fuera poco entre todos hemos contribuido a que la comunicación puramente dicha se confunda con la información y se genere hoy el ruido que la gente en sus casas recibe. Podría ser un buen momento entonces para releer el ensayo sobre el buen periodismo que el escritor polaco Ryszard Kapuscinski recogía de sus intervenciones en conferencias y entrevistas hace más de una década: “Los cínicos no sirven para este oficio”.



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Nuestra profesión es una lucha constante entre nuestro propio sueño, nuestra voluntad de ser completamente independientes y las situaciones reales en que nos encontramos, que nos obligan a ser, en cambio, dependientes de los intereses, puntos de vista, expectativas de nuestros editores”, decía en él Kapuscinski. Quizá sea entre los llamados reporteros de guerra, hoy tantos de ellos corriendo el peligro además de encaminarse a los focos del conflicto como freelance, trabajadores autónomos que deciden emprender un camino en busca de la noticia y sólo una vez conseguida intentar venderla a unos medios, por otra parte cada día más obsesionados con mirarse el ombligo y reflejar sólo en sus páginas lo que dicta la actualidad política y a grandes trazos económica. Como sabéis, cada año más de cien periodistas son asesinados y varios centenares más son encarcelados o torturados. En distintas partes del mundo se trata de una profesión muy peligrosa. Quien decide hacer este trabajo y está dispuesto a dejarse la piel en ello, con riesgo y sufrimiento, no puede ser un cínico”. 




Me remonto ahora al sincero homenaje que hace unos días tenía lugar en la Casa del Lector del Matadero de Madrid, donde reconocidos periodistas de guerra o auténticos contadores de historias de conflictos que ha tenido nuestro país le rendían homenaje. Fernando Sánchez Dragó, Alfonso Armada, Ramón Lobo y el también fotógrafo y siempre autónomo en su laureado ejercicio profesional Gervasio Sánchez.

Precisamente este último lanzaba el pasado martes una pregunta al aire, ¿Cuándo termina un conflicto? ¿Cuándo ha de retirarse un periodista de su cobertura? Y se contestaba a sí mismo añadiendo que en sus 20 años de proceder ha intentado siempre por ello retornar a los lugares donde en su día pasó momentos duros, porque una guerra sólo acaba cuando sus consecuencias se superan. Fiel reflejo de estas palabras era la exposición que hace exactamente un año nos regalaba el edificio madrileño de la Tabacalera. Con 150 imágenes y más de una docena de vídeos tomados en América Latina, en África, Sierra Leona y sus dos proyectos más queridos: Vidas Minadas y Desaparecidos. Sí, lo que le interesa a Gervasio Sánchez definitivamente es contar historias y saber qué ocurre con esas personas con nombre y apellidos cuando los periodistas se van. Porque ése y no otro es para él el buen Periodismo-.

A las cuatro personalidades que el pasado martes 28 de mayo conformaban esta mesa redonda les sorprendía ver cómo cada vez hay menos periodistas en los conflictos y cómo por ende también hay menos noticias sobre ellos en los diarios españoles. Compruébenlo ustedes mismos cogiendo un periódico, cualquiera que elijan, y váyanse a la sección internacional... Apenas aparecerán las noticias más llamativas, por la crueldad de las mismas. África es hoy, por encima de todos, el continente olvidado.


A él viajó el escritor que hoy nos ocupa siempre que tuvo ocasión, y de eso, de sus encuentros con la gente que allí conoció y del tiempo que compartió con ellos nacía “
Ébano. El contacto con enfermedades como la Malaria, el sentir de un blanco en una población de raza negra,  el Golpe de Estado del ejército de Nigeria o la descripción del dictador más conocido de la historia de África Contemporánea, Amin (sobre él Kapuscinski siempre quiso escribir un libro y leyó todo lo que estuvo a su alcance). Relatos en definitiva muy personales que se entremezclan con la propia Historia de una nación. Aquélla que quizá al resto que no hemos estado nunca tampoco nos hayan contado.


Porque si de algo pecó Kapuscinski fue de guiarse por su memoria…


Decía, en una entrevista concedida a Sánchez Dragó con motivo de la concesión del Premio Príncipe de Asturias a la Comunicación en Octubre de 2003 (que pueden rescatar de los archivos de tve), que no le gustaba tomar anotaciones porque creía en el recuerdo selectivo de su memoria. Es por ello que en sus libros la literatura se fusiona con el Periodismo, recibiendo también en este punto las críticas de los puristas no faltos de razón.


El periodista propiamente dicho ha de recoger apenas relatos de otros y alejarse del protagonismo en primera persona del que es mero transmisor. Siguiendo estos preceptos hubiera sido quizá más acertado que Ryszard Kapuscinski hubiera recibido entonces el Príncipe de Asturias a las Letras.  Pero éste sería quizá otro debate que viene eso sí a resaltar en forma otra vez de recomendación la que él mismo considera su mejor obra: Un día más con vida”.

Comienza con una frase que el polaco define como perfecta, porque no quitaría ni una coma, ni una palabra de ella:  “Viví tres meses en Ruanda, en el hotel Tívoli”. Es éste el relato de un hombre al límite de sus fuerzas, consciente de su fragilidad y abrumado por lo que ve. En él hay tanto de crítica como de homenaje, crítica a la crueldad a la indiferencia ante el dolor ajeno y homenaje también a la lealtad y al heroísmo anónimo. El libro quizá más personal del escritor donde no olvida sus obligaciones como periodista y se sirve de la escritura como si fuera una cámara, recogiendo instantáneas en forma de frases capaces de conmover el alma del común de los mortales. Es subjetivo sí, es literario, mucho, es un diario íntimo que el propio escritor transcribe el sentir de tantos angoleños, soldados y civiles amenazados por la muerte que se cierne sobre su cabeza, el sentimiento que el propio Kapuscinski pudo compartir a raíz de su estancia en Angola. 


Estos días el fallecido escritor y periodista es foco de muchos homenajes que rinden tributo a su vida y obra. Precisamente Madrid y en concreto otra vez La Casa del Lector del Matadero, es el primer destino internacional de una exposición de nombre “El Ocaso del Imperio”, que recoge una serie de fotografías encontradas hace apenas 4 años en los archivos del famoso reportero. Datan del período de 1989-1991 cuando el autor recorría las repúblicas de la ex Unión Soviética con el proyecto en mente de organizar una exposición fotográfica de esos viajes. Predominan las instantáneas de África o las dedicadas al acontecimiento histórico que supuso el fallido “golpe de agosto” perpetrado en Moscú. Historia que se entremezcla con los paisajes y retratos humanos.


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Él mismo seleccionó personalmente las imágenes y los encuadres y, a continuación, guardó los negativos en unos sobres marrones. Allí permanecieron durante varios años hasta que hoy han sido rescatados para que nosotros podamos disfrutarlos y ser, una vez más, partícipes de sus vivencias. 

Cada fotografía es un recuerdo, y a la vez no hay nada que nos haga más conscientes de la fragilidad del tiempo, de su naturaleza perecedera y efímera, que la fotografía”, señalan las paredes en las que se exponen.


Para terminar me remito al comienzo de este artículo, vuelvo a tomar prestado el primer libro del que comenzaba hablando y le robo unas frases al propio Ryszard Kapuscinski: “El mundo se ha convertido, por tanto, en algo inmenso. Y, sin embargo, ya no podemos sentirlo como nuestra casa. Esto significa que los relatos se vuelven extraños. La imaginación ha ocupado su lugar. Las sensaciones han sustituido al sentido del destino, que constituye la parte esencial de un relato. Quizás, hoy en día, gracias a la calidad esencial de la voz humana que canta, que grita todo su dolor, la forma narrativa popular más vital y genuina es la música rock”. Ryszard Kapuscinski, "Los Cínicos no sirven para este oficio".

      

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