DANZA CLÁSICA CON TCHAIKOVSKY

"El Cascanueces", el ballet de las Navidades

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Ballet Imperial Ruso, Madrid

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Ballet de Georgia Tbilisi, Zaragoza
De Norte a Sur y de Este a Oeste, por toda España y medio mundo estos días se suceden las representaciones del ballet más tradicional de estas fechas. No hay teatro, ni ciudad, ni cuerpo de baile clásico que estos días no se rinda a la magia de un cuento navideño con tanta historia y tradición como el que hoy os traemos: 


"El Cascanueces".





- Cuento navideño, de Alejandro Dumas -

Cada vez que se abre el telón esta historia nos traslada inmediatamente al ambiente más navideño que jamás hayan visto recrearse sobre un escenario teatral. Nos situamos en el salón de los Stahlbaum, es la víspera de Navidad y la pequeña Clara (María o Marie, según la adaptación) está con su hermano Fritz y sus padres, adornando el árbol para la fiesta que esa misma noche tendrá lugar en su casa. 


Música y festividad auguran una noche mágica atenuada por un acontecimiento que tendrá lugar cuando el reloj de la abuela marque las 8 de la tarde. Es entonces cuando un personaje misterioso aparece en escena. Se trata de Drosselmeyer, concejal, mago y padrino de la protagonista que además de todo ello es un talentoso fabricante de juguetes y trae así algunos regalos para los pequeños. Tres pequeñas muñecas danzan bajo la atenta mirada de los niños y la tristeza de Clara, quien aún no ha recibido su regalo, se desvanece con "El Cascanueces" que Drosselmeyer le ofrece. Es tan bonito el muñeco enfundado en un traje de soldado que Fritz, impulsado por un inevitable halo de envidia, no duda en romperlo. Pero al terminar la celebración, Drosselmeyer repara el juguete. 

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A medianoche la historia se sumerge en la magia que reina en este cuento, "El Cascanueces y el Rey de los ratones" adaptación de Alejandro Dumas. Clara despierta, el salón se llena de ratoncitos, el árbol de Navidad parece crecer y también El Cascanueces cobra vida para hacernos partícipes de una batalla abanderada por soldados de jengibre que Tchaikovsky adereza a base de una sublime sinfonía bélica. 




- Música, Tchaikovsky -

Una historia de fantasía que los mejores cuerpos de danza clásica han representado por todos los escenarios. Una música que a día de hoy el público general reconoce como una de las más populares del compositor ruso, con piezas tan célebres como el Vals de las Flores, la Marcha o Danza del hada de azúcar y La danza rusa o Trepak. 






Tchaikovsy se recrea en la composición musical de este ballet otorgándole una riqueza melódica que pocas veces se ha visto en una obra de tal calibre. Arriesga a introducir un nuevo instrumento que poco antes descubre en París, la celesta. Y, por encima de todo, consigue que en esta ocasión la música cope tanto o más protagonismo como la propia historia. Sólo los grandes bailarines son capaces de estar a la altura de la base musical que les acompaña, arriesgando a quedar relegados a ensombrecer ante tan maravillosa partitura sinfónica.


- Coreografía, Marius Petipa y Lev Ivanov -

En Agosto de 1892 Marius Petipa comienza a trabajar en la producción de este majestuoso ballet y elabora este libreto que será estrenado meses después, el 18 de diciembre de ese mismo año en el Teatro Mariinski de San Petersburgo. Pero antes de finalizar el coreógrafo enferma y es su asistente, Lev Ivanov, el que tiene que hacerse cargo de que todo esté a punto para la fecha. 

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Las críticas que recibieron en su estreno no fueron todo lo buenas que se esperaban: bailarinas demasiado corpulentas para unos, demasiado insípidas para otros y un libreto considerado como "desequilibrado" por no adaptarse al cuento original de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Tampoco gustó entonces demasiado algo que a día de hoy, todos los ballets han tratado de mantener inalterable: la aparición de niños sobre la escena (y no de adultos que pudieran interpretar tales roles). 

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Desde entonces los mejores coreógrafos no han dudado en adaptar la obra, consiguiendo producciones artísticas muy notables y asegurando su permanencia y actualidad en el tiempo. El propio George Balanchine, en 1944, crea una coreografía propia para el ballet de Nueva York y a partir de esa fecha se presenta en la ciudad cada año, consiguiendo de esta forma que la obra se consolide como una de las tradiciones navideñas que todo el mundo comparte desde finales de los años 60.

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Olga Ferri y Rudolf Nureyev, 1971


En 1968 es Rudolf Nureyev quien da vida a su propia coreografía para el Teatro Real de Estocolmo. En 1976 Roland Petit para el ballet de Marsella en París. En 1976 Mijaíl Baryshnikov desafía la popularidad de la producción de Balanchine creando una nueva producción para el American Ballet que será retransmitida íntegramente en la CBS y, que años después, Alessandra Ferri bailará en el papel Clara en el que supone un renacer de la composición. Hasta el propio Maurice Béjart, descartando la trama y los personajes principales, versiona la obra. 



Porque desde que tuviera lugar su primera representación el mundo del ballet, con los mejores coreógrafos en cadena, se han rendido a los pies de esta maravillosa obra, que también los más destacados bailarines han querido representar y que forma parte del repertorio tradicional del ballet clásico. 

      

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